El apuro.

La negación del tiempo.

 

A medida que va pasando el tiempo vamos viendo que los acontecimientos que suceden se han acelerado, marchan más rápido que hace 20 o 30 años. El mundo actual en el que vivimos exige resultados diariamente y las actividades del día a día terminan siendo laboriosas y pesadas, por el gran estrés que conllevan dichas tareas.

La velocidad en la que vivimos, ¿nos permite disfrutar de lo que hacemos? ¿Hacemos las cosas con alegría y con gusto? ¿O nos obliga a vivir más automática que conscientemente?

Al vivir de forma apresurada no nos damos cuenta que el tiempo pasa, y por tanto, la vida, ya que el tiempo es la esencia de la vida; tiempo que se pierde, es vida que se va, para no recuperarla nunca más. 

Siendo que la vida es lo más sagrado que tenemos, parece que  cuando tenemos prisa la vida se nos escapa como el agua entre los dedos. Al apurado le es imposible pensar sobre cómo usar bien el tiempo de su vida. 

Muchos dejan siempre las cosas para el día siguiente cuando pudieron hacerlas hoy. Y entonces, después se ven apremiados por el tiempo. Pero ¿quién tiene la culpa? El tiempo, que pasa rápido, o el que postergó las cosas? 

Además, el apurado trabaja dos veces, porque en esa prisa se le genera desorden interno y obvia muchos detalles, teniendo muchas veces que rehacer lo hecho.

Algunas frases populares que de vez en cuando escuchamos nombrar en nuestro entorno, ejemplifican lo que queremos expresar: 

 

  • Quien recoge frutos verdes, se arrepiente de haberlos probado.

 

  • El perezoso hace el trabajo dos veces, lo mismo que el apurado.

 

Con los elementos que brinda la Sabiduría Logosófica se podrá comprobar que los procesos llevan su  tiempo, depende de cada uno acelerarlo en pro de lo que se anhela, con proporciones cada vez mayores de esfuerzo y de conocimientos.

Es importante ser conscientes de lo que estamos viviendo o queremos vivir y disfrutar del camino y no sólo del resultado final.

Con Logosofía aprendemos a identificar los pensamientos que nos llevan a actuar de manera acelerada, sin pensar, sin dejar espacio a los procesos. Cuando no hacemos esto, es fácil que aparezca el estado de ansiedad que tanto vemos reflejado en la sociedad. De hecho, el apuro, no suele estar nunca justificado, salvo contadas excepciones.

 

Algunos ejemplos de los pensamientos que nos llevan al apuro son:

  • La impaciencia por querer que todo se cumpla en cortos periodos de tiempo. La impaciencia nos puede llevar a interrumpir un proceso y malograr el resultado esperado, por no entender que la espera es parte del proceso. Hoy se vive más en el yo y en el ya.

 

  • La inconstancia: cuando no vemos los frutos del esfuerzo realizado, abandonamos lo iniciado por pensar que no va a resultar, o no damos continuidad a nuestros esfuerzos, olvidando que una planta no puede crecer si la regamos una semana sí y dos no.

 

  • La falta de orden interno, que provoca desorganización en nuestros planes. La desorganización hace que perdamos el tiempo y que nos pongamos piedras en nuestro propio camino.

 

  • Hacer las cosas a disgusto o por obligación. Eso debilita los estímulos y hace que nos falte fuerza de voluntad para llevar a cabo lo que queremos, llevandonos primero a postergar y luego al apuro.

 

Es importante rescatar la vida ahogada por las prisas. 

Hacemos referencia a ciertas virtudes que nos ayudan a evitar hacer las cosas con prisa. Invitamos al lector a comprobar, en su propia vida, cómo cambia nuestra relación con el tiempo cuando cultivamos esas virtudes. 

Destacamos:

  • El orden, y en este sentido, hablamos del orden en los pensamientos. El desorden mental nos puede hacer perder mucho tiempo, porque no recordamos lo que queríamos hacer, porque nos lleva a la indecisión y a la duda. Es conveniente revisar qué pensamos y si los pensamientos que creamos nos acercan a lo que nos hemos planteado o por el contrario, hoy pensamos una cosa y mañana otra.

 

  • La decisión, para desplazar la falta de voluntad. Conocer de dónde proviene la falta de voluntad1 y qué decisiones debo tomar para combatirla.

 

Cultivar virtudes nos llevará a generar las energías necesarias para vivir con alegría, y que esa alegría sea consciente.  

 

La ciencia logosófica nos invita a revisar nuestro concepto de tiempo para llegar a su real significado y aprovechamiento, te invitamos a leer el capítulo titulado “El Apurado” que encontrarás en el libro de fábulas: Intermedio Logosófico

Estos y otros elementos que aprendemos con Logosofía los puedes conocer en los libros oficiales que están en la página web: https://logosofia.org.es/es/libros/

 

1 Ver libro Deficiencias y Propensiones del Ser Humano, página 39, “Def. FALTA DE VOLUNTAD. Ant. DECISIÓN

 

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